Berisso: navegar el Río de la Plata, caminar la historia y saborear el mundo
A pocos kilómetros de La Plata, sobre la costa del Río de la Plata, hay un lugar donde la historia argentina se mezcla con aromas de distintas cocinas del planeta y con el ritmo tranquilo del río. Ese lugar es Berisso, un destino que invita a recorrerlo con tiempo y con los sentidos abiertos.
La experiencia comienza inevitablemente en la costa rioplatense. Desde el puerto y los clubes náuticos se organizan salidas de navegación que permiten ver el paisaje desde otra perspectiva: el horizonte amplio del río, los juncales y las embarcaciones de pescadores que todavía forman parte de la vida cotidiana de la zona. Navegar estas aguas es una manera simple pero potente de entender la identidad portuaria que moldeó la ciudad.
Uno de los puntos más atractivos para quienes disfrutan del río es la cercana Isla Paulino. A pocos minutos en lancha desde el continente, esta isla conserva el espíritu productivo de los antiguos inmigrantes que cultivaban viñedos, quintas y frutales en las tierras bajas del delta rioplatense. Hoy es un paseo ideal para pasar el día: senderos entre árboles, restaurantes familiares y bodegones donde todavía se pueden probar productos regionales.
Entre esos sabores aparece una tradición muy particular: el vino de la costa. Elaborado a partir de uvas cultivadas en pequeñas parcelas cercanas al río, este vino forma parte de una práctica centenaria que trajeron los inmigrantes europeos a la región. Durante décadas fue una producción casi doméstica, pero en los últimos años varios productores locales comenzaron a recuperar las antiguas técnicas y a revalorizar el llamado “vino costero”.
Ese renacimiento se celebra cada año en la Fiesta del Vino de la Costa, uno de los eventos gastronómicos y culturales más singulares de la región. Allí, cooperativas y pequeños viñateros presentan sus producciones junto a alimentos regionales, música y actividades que rescatan la identidad vitivinícola del litoral bonaerense.
Siguiendo la línea costera aparece otro clásico del turismo local: el balneario de Playa La Balandra. Con su paisaje de juncales, muelles de pescadores y atardeceres abiertos sobre el Río de la Plata, es uno de los lugares preferidos por quienes buscan una pausa frente al agua. En verano funciona como playa pública y durante todo el año convoca a pescadores, fotógrafos y amantes de la naturaleza.
Pero Berisso no se explica solo por su geografía: se entiende caminando su historia. Uno de los recorridos más fascinantes es el circuito patrimonial de la Calle Nueva York, una arteria corta en extensión pero inmensa en significado. A principios del siglo XX fue el corazón industrial y social de la ciudad, con bares, hoteles, sindicatos y comercios vinculados a los frigoríficos que empleaban a miles de trabajadores inmigrantes.
En esta calle se gestó uno de los capítulos más relevantes de la historia política argentina. Desde aquí partieron columnas obreras el 17 de octubre de 1945 rumbo a Buenos Aires, en la jornada que luego sería recordada como el nacimiento del movimiento peronista. Por eso muchos historiadores consideran a este rincón de Berisso como el “kilómetro cero” del peronismo. Entre los nombres propios de ese momento aparece el dirigente sindical Cipriano Reyes, figura clave en la organización de los trabajadores de los frigoríficos y protagonista de aquellas movilizaciones.
Sin embargo, la identidad berissense también se cuenta a través de la mesa. La ciudad es conocida como la “Capital Provincial del Inmigrante”, un título que cobra vida cada año durante la Fiesta Provincial del Inmigrante. Durante varias semanas, las colectividades que formaron la ciudad —italiana, ucraniana, polaca, croata, española, alemana y muchas más— abren sus sedes y cocinas para compartir platos tradicionales, música, danzas y relatos familiares que llegaron en barcos hace más de un siglo.
Para el visitante, esto se traduce en un verdadero viaje gastronómico: desde pastas italianas y salchichas centroeuropeas hasta repostería eslava y platos balcánicos que difícilmente se encuentren en otro punto de la provincia de Buenos Aires.
Berisso, entonces, no es solo una escapada cercana. Es una experiencia completa: río, naturaleza, memoria y sabores. Un lugar donde navegar el Río de la Plata, caminar la historia argentina, descubrir el vino de la costa y probar el mundo en un mismo fin de semana.