Después de años de restricciones, cancelaciones y valijas que solo acumulaban polvo, el turismo internacional volvió a despegar. Según datos de ONU Turismo, entre enero y junio de 2025 se registraron 690 millones de viajes internacionales, un 5% más que en el mismo período de 2024 y un 4% por encima de los niveles prepandemia. El mundo no solo volvió a viajar: lo está haciendo más que antes.
Europa lideró el movimiento con 340 millones de turistas, un 7% más que en 2019. Asia y el Pacífico crecieron un 11%, con Japón y Vietnam como estrellas del semestre (ambos con un salto del 21%). África también mostró músculo, con un crecimiento del 12%, mientras que América avanzó un 3%, con Sudamérica como protagonista (+14%). El único retroceso se dio en Medio Oriente, aunque incluso allí las cifras superan las de 2019.
Pero no todo es selfie y boarding pass. Los desafíos persisten: altos costos de transporte y alojamiento, inflación turística que ronda el 6,8% y una demanda que busca cada vez más calidad-precio. Los viajeros acortan estadías, eligen destinos más cercanos y priorizan experiencias auténticas. El turismo se volvió más selectivo, más consciente y —en muchos casos— más local.
Entre los destinos con mejor desempeño están Japón, Marruecos, México, Países Bajos y Corea del Sur, todos con crecimientos de dos dígitos. En ingresos, Japón lidera con un 18% de aumento, seguido por Reino Unido, Francia, España y Turquía. La recuperación no es solo de movimiento, sino también de impacto económico: el turismo vuelve a ser motor de empleo, consumo y cultura.
El mundo volvió a girar. Y aunque el mapa turístico se reconfigura, la tendencia es clara: viajar ya no es solo posible, es deseado. Con nuevos hábitos, nuevas reglas y la misma curiosidad de siempre, el turismo internacional se sacude el polvo y vuelve a escribir postales. Esta vez, con más conciencia… y más ganas.