El turismo brasileño vivió un año histórico. Entre enero y noviembre de 2025, más de 94.000 visitantes chinos llegaron al país, lo que representó un crecimiento del 34% respecto al año anterior. La estrategia incluyó presencia en ferias internacionales como ITB China, acuerdos bilaterales y la declaración del 2026 como Año de la Cultura Brasil-China. El resultado fue inmediato: China se consolidó como uno de los mercados prioritarios para Brasil, diversificando su matriz turística más allá de los visitantes regionales.
La pregunta inevitable es qué puede aprender Argentina de este modelo. De cara al 2026, nuestro país necesita ampliar su base de visitantes internacionales y definir con claridad los mercados a conquistar:
Asia (China e India): replicar la estrategia brasileña, con acuerdos culturales y promoción en ferias. India, además, emerge como un mercado con creciente clase media viajera.
Norteamérica (EE.UU. y Canadá): emisores de turistas con alto gasto promedio, interesados en experiencias culturales y naturales.
Europa (España, Alemania, Reino Unido): viajeros con afinidad cultural, poder adquisitivo y gran interés en Patagonia, vinos y turismo aventura.
La clave estará en tres frentes: conectividad aérea, para ampliar vuelos directos desde Asia y Norteamérica; promoción digital, con campañas segmentadas en redes y plataformas de viajes; y alianzas culturales, que posicionen a Argentina como destino diverso y auténtico.
En definitiva, Brasil demostró que apostar por China puede transformar su industria turística. Argentina, mirando hacia 2026, debe abrir su mapa de visitantes y conquistar nuevos mercados estratégicos. El desafío es claro: convertir la diversidad de paisajes y culturas en un imán global que sostenga al turismo como motor económico.