Jueves y Viernes Santo son días de abstinencia de carne, pero la tradición argentina y mediterránea ofrece alternativas que combinan practicidad y placer. Aquí tres propuestas que resuelven la mesa con identidad y sabor: humita norteña, trucha patagónica con salsa de roquefort y paella de mariscos.
Humita norteña
La humita es un clásico del Noroeste argentino, perfecta para estos días.
Ingredientes: choclos frescos rallados, cebolla, pimiento, leche, queso, manteca y condimentos.
Preparación: se sofríe la cebolla y el pimiento, se añade el choclo rallado y la leche hasta lograr una crema espesa. Se incorpora queso y manteca para darle suavidad.
Presentación: puede servirse en cazuela o en hojas de choclo, como se hace en la tradición ancestral. Cremosa, dulce y con la fuerza del maíz, es un plato que reconforta.
Trucha patagónica con salsa de roquefort
Un plato que combina rusticidad y sofisticación.
Ingredientes: filetes de trucha fresca, manteca, crema de leche, queso roquefort, sal y pimienta.
Preparación: se doran los filetes en manteca, mientras se prepara la salsa con crema y roquefort derretido. Se sirve la trucha bañada con la salsa, acompañada de papas al horno o vegetales grillados.
Presentación: elegante y potente, la trucha con roquefort es ideal para una mesa festiva que busca sorprender.
Paella de mariscos
La abundancia mediterránea en un solo plato.
Ingredientes: arroz, calamares, mejillones, langostinos, cebolla, pimiento, tomate, caldo de pescado, azafrán y aceite de oliva.
Preparación: se sofríen las verduras, se añade el arroz y el caldo con azafrán. Los mariscos se incorporan en etapas para que cada uno conserve su textura.
Presentación: servida en la clásica paellera, es un plato que convierte la mesa en fiesta, colorido y generoso.
La humita rescata la voz del norte argentino, cremosa y dulce. La trucha con roquefort trae la elegancia patagónica, un plato que combina rusticidad y sofisticación. La paella de mariscos, con su abundancia mediterránea, convierte la mesa en celebración.
Semana Santa no es solo abstinencia, es oportunidad de celebrar con platos que unen tradición, territorio y placer. La mesa se convierte en relato, y cada receta es un capítulo de identidad y sabor.