Hay películas que incomodan, otras que divierten, y algunas que logran ambas cosas al mismo tiempo. Together, ópera prima del australiano Michael Shanks, es una de ellas. Estrenada con elogios en el Festival de Sundance y protagonizada por Alison Brie y Dave Franco, la cinta aterriza este jueves en los cines argentinos con una propuesta que no se parece a nada: una pareja en crisis, una cueva misteriosa y una transformación física que redefine el concepto de “estar juntos”.
La trama arranca con Ani y Iván, una pareja que decide mudarse al campo para salvar su relación. Lo que encuentran allí no es paz, sino una caverna con propiedades sobrenaturales. Al beber agua del lugar, sus cuerpos comienzan a fusionarse de forma progresiva, convirtiendo la convivencia en una experiencia grotesca, tierna y profundamente simbólica. El film juega con el subgénero del body horror, pero lo hace desde una mirada emocional: lo verdaderamente perturbador no es la mutación, sino lo que revela sobre el desgaste, la codependencia y el miedo a la soledad.
Alison Brie se luce con una entrega física y emocional que sostiene el relato, mientras Franco acompaña con sobriedad. Los efectos prácticos —labios que no se despegan, piel que se vuelve pegajosa— están trabajados con inteligencia, apelando más a lo sugerente que a lo explícito. La incomodidad corporal que provoca es el gran logro del film, que encuentra su filo en lo metafórico: ¿cuánto estamos dispuestos a soportar por no estar solos?
¿Por qué verla? Porque Together no es solo una película de terror: es una experiencia. Una mirada fresca sobre las relaciones, la intimidad y los límites del amor. Porque incomoda, sí, pero también hace reír, pensar y —en algún punto— identificarse. Y porque en tiempos donde el cine de género se repite, esta propuesta se atreve a ser rara, incómoda y original.