El cine está cambiando, y no solo por la tecnología o las plataformas. Según el informe Teens & Screens del Center for Scholars & Storytellers de UCLA, publicado esta semana, el 59,7% de los jóvenes de la Generación Z prefiere ver relaciones de amistad como eje central en películas y series, por encima de los vínculos sexoafectivos.
La muestra, que incluyó a 1.500 adolescentes y adultos jóvenes entre 10 y 24 años, revela un hartazgo frente a la hipersexualización heredada de generaciones anteriores. Los encuestados expresaron que muchas historias románticas les resultan poco realistas, forzadas o innecesarias, y que prefieren narrativas donde los vínculos afectivos no estén condicionados por el deseo sexual.
Este giro no implica desinterés por el amor, sino una redefinición del vínculo emocional. La amistad aparece como espacio de contención, lealtad y crecimiento, sin las tensiones que suelen acompañar las tramas románticas. Además, en un contexto de mayor diversidad identitaria y emocional, los jóvenes buscan historias que representen vínculos más amplios, complejos y menos normativos.
También influye el consumo fragmentado: series cortas, películas independientes, animación y formatos híbridos permiten explorar dinámicas grupales, vínculos platónicos y relaciones familiares con mayor profundidad. Ejemplos como Heartstopper, Stranger Things o Red de Pixar muestran cómo la amistad puede ser el motor narrativo sin perder intensidad ni emoción.
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¿Estamos ante un cambio de paradigma? Todo indica que sí. La Generación Z no rechaza el romance, pero exige autenticidad, diversidad y profundidad. Y en ese camino, la amistad se vuelve protagonista. Porque en tiempos de incertidumbre, lo que se busca no es el beso final, sino el abrazo que sostiene.