El cine argentino se prepara para una cita clave. Del 6 al 16 de noviembre, se celebrará la 40ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el único clase A de Latinoamérica y uno de los más prestigiosos del circuito global. En un contexto de ajuste presupuestario y falta de financiamiento estatal, el evento se convierte en mucho más que una muestra: es una declaración de principios.
Con sede principal en el Teatro Auditorium y el Paseo Aldrey, el festival presentará más de 200 películas de 65 países, incluyendo estrenos mundiales, retrospectivas, cortos, documentales y una nueva sección dedicada a series, con producciones de Argentina, México y España. Entre los títulos destacados se encuentran El beso de la mujer araña, de Bill Condon, que abrirá el certamen, y homenajes a Juan José Jusid, quien recibirá el Astor de Plata a la Trayectoria.
La historia del festival comenzó en 1954, impulsado por el impulso cinéfilo de la época y con el respaldo del INCAA. Tras interrupciones y relanzamientos, se consolidó como referente regional, con una identidad que combina lo internacional con lo local, y una vocación por el cine independiente, político y de autor.
Este año, además, se realizará en paralelo el Contrafestival “Fuera de Campo”, nacido como respuesta a los recortes culturales del gobierno. Con sede en el Teatro Enrique Carreras y la librería El Gran Pez, proyectará títulos como Diciembre, Las Corrientes y Siempre es de noche, reafirmando el compromiso con el cine nacional y la diversidad de voces.
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Las entradas para el festival oficial tendrán precios accesibles, y muchas funciones contarán con charlas, talleres y encuentros con realizadores. La invitación está hecha: volver a las salas, apoyar al cine argentino y celebrar el arte en comunidad.
En tiempos de incertidumbre, el Festival de Mar del Plata no solo proyecta películas: proyecta futuro. Y en cada butaca, hay una forma de resistir, de emocionarse y de creer que el cine sigue siendo un lugar para encontrarnos.