Viernes 17 de Octubre 2025
EL COLECTIVO RECOMIENDA

Teléfono Negro 2: una secuela que intensifica el horror sobrenatural

La cinta recupera al villano icónico y ofrece una experiencia visual potente, aunque con algunos altibajos narrativos.

(Fuente: Aullidos)
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La cartelera argentina recibe hoy a Teléfono Negro 2, la esperada secuela del thriller de terror que sorprendió en 2022. Dirigida nuevamente por Scott Derrickson y producida por Jason Blum, la película se presenta como una evolución del género: más sobrenatural, más intensa y más ambiciosa.

La historia retoma años después de los eventos originales. Finn y Gwen, los hermanos protagonistas, se enfrentan a nuevos peligros en un campamento de invierno, donde el terror no proviene solo del entorno, sino de una presencia que regresa desde el más allá. Ethan Hawke, en su rol de villano, vuelve como una figura espectral: El Raptor, ahora convertido en un fantasma vengativo que persigue a los sobrevivientes.

(Fuente: HobbyConsolas)

La crítica especializada destaca que Teléfono Negro 2 no se conforma con repetir la fórmula, sino que expande el universo creado por Joe Hill, hijo de Stephen King. La atmósfera es más opresiva, los efectos visuales más elaborados, y el tono más oscuro. El debut en el Fantastic Fest dejó buenas impresiones, y medios como Página/12 y La Nación coinciden en que la película “redefine el género” y “supera las expectativas”.
 

(Fuente: Sitges)

Sin embargo, no todo es perfecto. Algunos críticos señalan que la narrativa se vuelve forzada en ciertos momentos, y que el regreso del villano —muerto en la primera entrega— requiere una suspensión de credibilidad que no todos los espectadores aceptarán. Aun así, el film logra sostener el interés con una dirección sólida y una estética cuidada.

Para quienes buscan una experiencia de terror que combine lo paranormal con lo emocional, Teléfono Negro 2 es una opción ideal. No solo por su timing —a días de Halloween— sino por su capacidad de incomodar, sorprender y mantener encendida la llama del miedo. Porque algunas llamadas, como dice el eslogan, nunca deberían ser devueltas.