En Italia, los medios deportivos dieron cuenta de una propuesta de la Roma que sorprendió a todos: de 8 millones de euros anuales, Dybala pasaría a cobrar apenas 2,5 millones más bonos. Una reducción que responde al plan del club de bajar su masa salarial, pero que deja al cordobés en una encrucijada. Lo más llamativo es que, según trascendidos, el jugador estaría evaluando aceptarla, aunque Boca aparece dispuesto a mejorarla.
En la Argentina, el eco fue inmediato. Juan Román Riquelme y la dirigencia xeneize ya habían tanteado al entorno del delantero, y la comparación salarial es inevitable: Leandro Paredes embolsa 4,5 millones de dólares al año en Boca, cifra superior a la que Roma ofrece a Dybala. La ilusión de verlo en la Bombonera se alimenta de la amistad entre ambos y de la necesidad de Boca de un golpe de jerarquía.
El contexto deportivo del club de la Ribera agrega tensión. Boca quedó eliminado del torneo local frente a Huracán y se juega la clasificación a octavos de la Libertadores contra Cruzeiro y Universidad Católica de Chile. En ese escenario, la llegada de Dybala sería un impacto anímico y futbolístico de proporciones.
En lo personal, el nacimiento de su hija Gia y la ausencia en la prelista de 55 jugadores de Scaloni para el Mundial 2026 influyen en la decisión. Sin chances de disputar la Copa del Mundo, Dybala podría optar por un cambio de aire que lo acerque a la Argentina y lo devuelva al centro de la escena.
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La novela de Dybala recién comienza. Roma busca retenerlo con un contrato reducido, Boca sueña con sumarlo como símbolo de jerarquía y los medios juegan su partido contra Riquelme en un momento delicado para el club. La decisión de “La Joya” marcará el ritmo del invierno: quedarse en Europa con menos dinero pero más estabilidad, o regresar a la Argentina para convertirse en el fichaje más resonante del año. En cualquiera de los dos caminos, el cordobés será protagonista de la historia que todos seguirán de cerca.