Independiente Rivadavia vive un momento histórico. Con 33 puntos en la tabla anual, se aseguró terminar en el primer puesto del Grupo B y cerrar todos los duelos de playoffs en casa, antes de la gran final en terreno neutral. La goleada 5-1 en el clásico contra Gimnasia de Mendoza fue más que un triunfo: fue una declaración de confianza, convicción.
En paralelo, la Lepra también lidera su grupo en la Copa Libertadores, con 6 puntos y una victoria épica en el Maracaná frente a Fluminense. Ese resultado, celebrado por miles de hinchas mendocinos que viajaron a Río, consolidó la idea de que este equipo no solo compite: quiere trascender.
El caso de Independiente Rivadavia contrasta con otros clubes del interior que, tras conquistar un título, se fueron difuminando. La Copa Argentina fue el punto de partida de un proceso que revitalizó al club, lo hizo creer y lo empujó a un presente de protagonismo. No es un plantel de grandes figuras: más allá de Sebastián Villa, que volvió al fútbol argentino tras su salida de Boca, el equipo se sostiene en un grupo con hambre y convicción.
El entrenador Alfredo Berti encontró la fórmula para transformar a la Lepra en un conjunto competitivo y confiado. Su estilo de conducción, intenso y emocional, se traduce en un plantel que no se achica ante nadie. La goleada en el clásico es prueba de un equipo que juega con carácter y que se siente capaz de escribir páginas grandes.
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Independiente Rivadavia rompe el molde. No se conforma con haber levantado la Copa Argentina: quiere más. Lidera en el torneo local, sorprende en la Libertadores y se planta como candidato serio. La Lepra mendocina demuestra que el fútbol argentino también puede tener un club referencia nacido lejos de Buenos Aires, por fuera de Newells, Rosario Central y los grandes de Córdoba. El interior, de nuevo, está listo para escribir historia grande.