La AFA confirmó que el último partido de la Selección antes del Mundial será contra Guatemala el 31 de marzo, con la Bombonera como escenario. La suspensión de la Finalissima frente a España dejó un vacío que se llenó con un adversario menor, claramente inferior, pero que cumple con el ritual: la despedida con la gente, como ocurrió antes de Qatar 2022.
Mientras tanto, los demás latinoamericanos eligieron rivales de mayor jerarquía. Brasil pactó amistosos con Francia y Croacia, Uruguay se medirá con Inglaterra, Ecuador jugará contra Países Bajos y Colombia también tendrá un choque contra los subcampeones del mundo. Todos buscan medir fuerzas con potencias europeas, como ensayo general de lo que encontrarán en la Copa del Mundo.
La comparación es inevitable: Argentina se despide ante un rival que no representa un desafío real. Pero la Scaloneta no necesita de un amistoso de alto voltaje para confirmar su condición de candidata. Campeona del mundo en 2022, campeona de América en 2021 y 2024, con una base consolidada y figuras que ya demostraron su capacidad de vencer a las grandes potencias, el equipo de Scaloni llega con pergaminos de sobra.
El partido contra Guatemala será más un acto de comunión que una prueba táctica. La Bombonera se transformará en escenario de un ritual: el abrazo con la gente, la emoción de la despedida, la energía que se lleva el equipo antes de partir. El verdadero examen será en Norteamérica, cuando enfrente a las potencias europeas, sudamericanas y africanas.
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El rival puede ser menor, pero la despedida será mayor. Lo que se juega el 31 de marzo no es un resultado, es un vínculo. Y ese vínculo, en la historia de la Selección, siempre fue más fuerte que cualquier amistoso.