El partido ante Argentinos fue un reflejo de la debilidad actual del equipo: falencias defensivas, poca reacción y un ataque sin peso. Hernán López Muñoz marcó el único gol del encuentro y dejó expuesto a un River que no encuentra respuestas .
El dato que golpea es contundente: de los últimos 18 partidos, River ganó apenas 4, empató 2 y perdió 12. Una estadística paupérrima para un club que invierte millones en cada mercado de pases y que, bajo la conducción de Marcelo Gallardo, acostumbró a sus hinchas a la excelencia. La goleada sufrida frente a Tigre ya había encendido las alarmas, y la caída en La Paternal, con expulsión del DT incluída, confirmó que el equipo atraviesa una crisis sostenida.
Gallardo, expulsado por gestos hacia el árbitro Andrés Merlos, mostró su frustración en el banco de suplentes. La imagen del técnico, visiblemente molesto y sin respuestas, contrasta con la figura del estratega que supo conquistar títulos internacionales y darle a River una identidad de juego reconocida en todo el continente.
El problema no es solo futbolístico: la continuidad de este bajo rendimiento genera un clima de incertidumbre en el vestuario y en la dirigencia. River no logra encadenar triunfos, y la sensación es que el ciclo está atrapado en un laberinto del que no encuentra salida.
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La pregunta inevitable es cuánto más puede sostenerse este presente en la espalda de Gallardo. Su figura es inmensa, quizá el ídolo mayor de River en toda la década, pero ni siquiera una historia tan gloriosa puede resistir indefinidamente a los números y al juego que no aparece.
La paciencia de los hinchas y la dirigencia se mide partido a partido, y el desenlace parece depender de si el “Muñeco” logra, una vez más, reinventarse y devolverle al Millonario la grandeza que supo construir.