La temporada de 1977 fue histórica. Guillermo Vilas conquistó dos Grand Slam —Roland Garros y US Open—, además de títulos en Montecarlo, Buenos Aires, Kitzbühel y París, entre otros. Sumó 16 trofeos en un solo año, récord absoluto en la era profesional, y alcanzó una racha de 46 victorias consecutivas que todavía se recuerda como una de las más largas de la historia. Su tenis de potencia y resistencia, acompañado por una disciplina férrea, lo convirtió en el jugador más dominante de aquel calendario.
Sin embargo, el ranking ATP nunca lo reflejó como número uno. La explicación está en la metodología de cálculo de la época: el sistema no actualizaba semanalmente y dejaba vacíos en la publicación de los listados. Esa irregularidad permitió que Jimmy Connors mantuviera el primer puesto, aunque sus resultados fueron inferiores a los del argentino.
El reclamo se mantuvo vivo gracias al trabajo de Eduardo Puppo, periodista e historiador que, junto al matemático Marian Ciulpan, revisó miles de datos y reconstruyó los rankings semana por semana. Su investigación concluyó que Vilas debió ser número uno durante al menos siete semanas en 1977. Ese esfuerzo se plasmó en artículos y en el documental de Netflix Vilas: serás lo que debas ser o no serás nada, estrenado en 2020, donde se muestra la lucha del marplatense por un reconocimiento que nunca llegó.
Hoy, el extenista sueco Mats Wilander volvió a poner el tema en agenda: “Cada año que pasa hace más grande la injusticia, más aún sabiendo su estado de salud. Es una persona que le ha dado muchísimo al tenis”. Sus palabras reflejan el sentimiento de una comunidad que entiende que la historia del deporte debe ser corregida.
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Guillermo Vilas no necesita un número para ser eterno. Su legado está en los títulos, en la pasión que despertó en Argentina y en el respeto que le brindan sus pares. Pero la justicia histórica reclama que se reconozca lo que los números ya demostraron: en 1977, Vilas fue el mejor jugador del mundo. El tiempo, como él mismo dijo, escribe la verdadera historia. Y esa historia aún espera que la ATP le devuelva al tenis lo que Vilas le dio: grandeza.