La noticia llegó a través de un comunicado en la red social X, donde Djokovic escribió: “Tras considerarlo detenidamente, me retiro por completo de la Asociación de Jugadores Profesionales de Tenis. Este capítulo ya está cerrado.” El mensaje, breve pero demoledor, marcó un quiebre en la relación del serbio con la entidad que nació para dar voz independiente a los jugadores frente a la ATP, la WTA y la ITF.
Djokovic agregó que sus valores “ya no están alineados con la dirección que ha tomado la PTPA” y que mantiene “persistentes preocupaciones sobre la transparencia, la gobernanza y la forma en que se representaron mi voz e imagen”. Con estas palabras, dejó en evidencia tensiones internas y un desgaste que lo llevó a dar un paso al costado.
La PTPA, fundada en 2020, había reunido a más de 500 tenistas y en 2025 incluso presentó una demanda contra los organismos rectores del tenis, acusándolos de operar como monopolios. Sin embargo, la salida de su figura más influyente abre interrogantes sobre el futuro de la organización: ¿podrá sostener su peso sin Djokovic?, ¿se reconfigurará su liderazgo con Pospisil y otros jugadores?, ¿qué impacto tendrá en las negociaciones con la ATP y la WTA?
Más allá de las respuestas, lo cierto es que Djokovic eligió concentrarse en su carrera y en su legado deportivo, alejándose de la política gremial que lo había convertido en protagonista más allá de la cancha.
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El alejamiento de Novak Djokovic de la PTPA es un golpe simbólico para la organización y un gesto de autonomía personal. Con frases como “este capítulo ya está cerrado”, Nole deja claro que su tiempo como líder sindical terminó. El tenis, mientras tanto, deberá redefinir cómo se organiza la voz de sus jugadores sin la presencia del campeón más dominante de la era moderna.