La noticia del alejamiento entre Alcaraz y Ferrero sorprendió al mundo del tenis. Ferrero fue arquitecto de la carrera del joven español, acompañándolo desde sus primeros pasos hasta la cima del ranking. En ese contexto, Mats Wilander opinó que el reemplazo ideal sería nada menos que Roger Federer, el suizo que marcó una era y que, aunque nunca ejerció como entrenador, representa un modelo de excelencia y visión estratégica.
¿Qué podría aportar Federer? En primer lugar, su lectura táctica: el suizo fue maestro en anticipar jugadas y en reinventarse frente a rivales como Nadal y Djokovic. También su economía de movimientos, que podría ayudar a Alcaraz a equilibrar su explosividad con eficiencia. Y, por supuesto, su mentalidad de campeón, capaz de sostenerse en la cima durante dos décadas, algo que el murciano necesita para enfrentar la presión de Sinner y de un circuito cada vez más competitivo.
La rivalidad con el italiano es el gran telón de fondo. Sinner cerró 2025 como número dos y con dos títulos de Grand Slam, mientras Alcaraz encara 2026 con la necesidad de reafirmar su lugar en la cima. La idea de tener a Federer como mentor no solo sería un aporte técnico, también un golpe psicológico: el respaldo de una leyenda en plena batalla generacional.
La propuesta de Wilander abre un escenario fascinante: Federer como entrenador de Alcaraz, un cruce histórico entre generaciones. Más allá de si se concreta o no, la imagen es poderosa: el joven murciano guiado por el hombre que redefinió el tenis moderno, en plena lucha contra Sinner por el trono. Un relato que mezcla nostalgia, estrategia y futuro, y que convierte al 2026 en un año cargado de intriga y expectativa.