Lionel Messi está cerca de cerrar el círculo. Tras meses de negociaciones, el capitán argentino acordó la renovación de su contrato con Inter Miami, en lo que será —según fuentes del club— su último vínculo como futbolista profesional.
El nuevo acuerdo lo mantendría activo hasta fines de 2026 o incluso 2028, con un salario récord estimado entre 50 y 60 millones de dólares anuales. La firma se oficializará en las próximas semanas, justo cuando el club inaugure el Miami Freedom Park Stadium, su nuevo templo deportivo.
La renovación no solo asegura su presencia en la MLS, sino también su participación en el Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. Messi ya lo dijo: será su última Copa del Mundo. Y todo indica que también será su última gran cita como jugador profesional. A los 38 años, con más de mil partidos en su haber y un físico que exige cuidados extremos, el rosarino se prepara para una despedida planificada, sin sobresaltos ni regresos improvisados.
¿Y Newell’s? ¿Y ese sueño de jugar en el Coloso del Parque, con la camiseta que lo vio nacer? Por ahora, parece lejano. La renovación con Inter Miami incluye funciones fuera del campo, como rol directivo, participación accionaria y vínculo institucional con el club de David Beckham. Messi no se ve como entrenador, pero sí como director deportivo o gestor de proyectos, y todo indica que su futuro estará ligado a la franquicia que lo recibió con los brazos abiertos en 2023.
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En Rosario, el deseo persiste. En cada mural, en cada camiseta, en cada charla de café. Pero el fútbol, como la vida, no siempre cumple los sueños en tiempo y forma. Messi eligió cerrar su carrera en un entorno controlado, familiar, sin presiones externas ni exigencias desmedidas. Y aunque el romanticismo pide verlo en Newell’s, la realidad construye otro final: uno donde el legado se preserva, se expande y se transforma en institución.
Lo que sí está claro es que el Mundial 2026 será su última función con la Selección. Y que cada partido que juegue en Inter Miami será parte de una despedida que ya empezó a escribirse. Con goles, con gestos, con decisiones que hablan de madurez y visión. Porque Messi no solo juega: piensa. Y en ese pensamiento, el fútbol argentino lo despide desde lejos… pero con gratitud eterna.