Argentina volvió a decir presente en la elite del tenis por equipos. Tras vencer 3-0 a Países Bajos como visitante, el combinado nacional se clasificó al Final 8 de la Copa Davis, que se disputará en Bologna del 18 al 23 de noviembre. Y aunque el recuerdo de Zagreb 2016 sigue fresco, lo que se respira ahora no es nostalgia: es expectativa. Porque esta vez, el equipo tiene argumentos para soñar con una segunda Ensaladera.
El primer factor es Javier Frana. El ex doblista y comentarista asumió como capitán con perfil bajo, pero con visión clara. Su estilo combina lectura táctica, sensibilidad grupal y una capacidad de motivación que ya se nota en el vestuario. Frana no impone: propone. Y eso, en un torneo donde el vínculo humano pesa tanto como el ranking, puede marcar la diferencia. “Este equipo tiene hambre, pero también tiene cabeza”, dijo tras la victoria. Y se nota.
El segundo factor es el contexto. La posible ausencia de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner —ambos en plena lucha por el número uno del mundo y con calendarios cargados por ATP Finals y preparación para Australia— podría debilitar a dos de las selecciones más temidas: España e Italia. Sin ellos, el mapa se abre. Y Argentina, con un equipo sólido y sin figuras estelares pero con jugadores en ascenso como Francisco Cerúndolo, Sebastián Báez, Tomás Etcheverry y los doblistas González-Molteni-Zeballos, puede aprovechar esa grieta.
Además, el formato ayuda. La Davis ya no es maratónica: son series cortas, explosivas, donde la presión y el estado anímico pesan más que el ranking. Y ahí, Argentina tiene ventaja. Porque este equipo juega con convicción, con cohesión y con ese fuego que se enciende cuando se viste de celeste y blanco. No hay egos, hay roles. No hay estrellas, hay grupo. Y eso, en Bologna, puede valer oro.
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¿Es posible ganar la Davis este año? Sí. ¿Es fácil? Nunca lo es. Pero si algo enseñó el deporte argentino, es que los imposibles se negocian. Y con Frana al mando, un calendario que juega a favor y un equipo que cree, la Ensaladera vuelve a estar en el horizonte. No como utopía, sino como objetivo.