Edinson Cavani cumplió 75 partidos con la camiseta de Boca y acumula 27 goles. Pero en lo que va de 2025, el Matador apenas convirtió cuatro veces en veinte encuentros. Su último grito fue ante Banfield, en un 2-0 que pareció marcar el inicio de una recuperación. Sin embargo, el rendimiento sigue siendo intermitente, y la preocupación crece. Porque Cavani no es un jugador más: es el capitán, el referente, el que llegó para marcar diferencia. Y hoy, esa diferencia se diluye entre lesiones, falta de ritmo y una sequía que no se explica solo con números.
Las razones de su bajón son múltiples. Físicamente, Cavani parece haber superado los problemas que lo limitaron en el Mundial de Clubes, donde solo jugó un partido. Pero la confianza no volvió del todo. El promedio goleador cayó, y aunque Miguel Ángel Russo lo sostiene como titular —incluso en el doble 9 con Merentiel—, el uruguayo no logra recuperar la contundencia que mostró en 2024. En ese año, fue el goleador del equipo y el líder futbolístico. Hoy, es más líder que goleador.
Y ese rol no es menor. Cavani, junto a Leandro Paredes, se convirtió en el eje emocional del vestuario. Ambos fueron y son referentes de sus selecciones, ambos con pasado europeo, ambos con voz de mando. En los entrenamientos, en las charlas, en los partidos complicados, su presencia ordena, calma y empuja. Paredes aporta equilibrio táctico; Cavani, experiencia y carácter. Son los que sostienen al grupo cuando el resultado no aparece. Y aunque el gol se le niegue, el respeto no.
Incluso Enzo Francescoli, ídolo de River, salió a respaldarlo: “No se le dieron las cosas como él hubiera pensado, pero eso no opaca su carrera. Son momentos. Comés lo mismo, hacés las mismas cosas, pero no sale”. La frase, que recuerda una lección de Pedernera, resume lo que vive Cavani: un jugador que quiere, pero no siempre puede. Y que necesita que el equipo lo acompañe para volver a ser el Matador.
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Boca lo necesita. Porque el torneo entra en zona caliente, porque los goles valen más que nunca, y porque tener a Cavani en su mejor versión no es un lujo: es una urgencia. El Matador sigue ahí, con la cinta en el brazo y el fuego en la mirada. Y si logra reencontrarse con el gol, el rugido puede volver a escucharse en la Bombonera. Porque los líderes no se miden solo por lo que hacen, sino por lo que inspiran.