Hay momentos que no necesitan raqueta para ser inolvidables. Esta semana, Juan Martín del Potro recibió una noticia que lo coloca en el Olimpo del tenis: fue nominado para ingresar al Salón de la Fama del Tenis Internacional, un reconocimiento reservado para quienes dejaron una huella imborrable en el deporte. Y lo hace en compañía de nada menos que Roger Federer, el suizo que fue su rival, su verdugo y su espejo en algunas de las batallas más memorables del circuito.
La votación —que estará abierta hasta el 10 de octubre para el público general y será complementada por el voto de 140 periodistas, historiadores y miembros del Hall of Fame— definirá si Delpo se convierte en el tercer argentino en alcanzar esa distinción, junto a Guillermo Vilas (1991) y Gabriela Sabatini (2006).
La carrera de Del Potro lo respalda con números y emociones: 22 títulos ATP, incluyendo el US Open 2009, donde venció a Federer en una final épica; el Masters 1000 de Indian Wells 2018, también ante el suizo; dos medallas olímpicas (plata en Río 2016, bronce en Londres 2012); y el punto decisivo en la histórica Copa Davis 2016 frente a Croacia, con un dedo fracturado y el corazón intacto.
Federer, por su parte, llega con un palmarés que parece escrito por un guionista de Hollywood: 20 Grand Slams, 103 títulos oficiales, 310 semanas como número uno, y una elegancia que redefinió el tenis moderno. Kuznetsova, la tercera nominada, suma cuatro Grand Slams (dos en singles, dos en dobles) y fue número dos del mundo.
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Pero lo que emociona es el contraste. Federer, el embajador global. Del Potro, el gladiador argentino. Uno, sinónimo de perfección. El otro, símbolo de resiliencia. Y ahora, ambos comparten una terna que no compite: se vota por cada uno, no entre ellos. Es una celebración, no una elección.
Delpo, que se retiró oficialmente en 2022 y se despidió con una exhibición frente a Djokovic en Buenos Aires, escribió en sus redes: “Qué honor y qué privilegio ser nominado para tal reconocimiento. Muchas gracias Salón de la Fama del Tenis”.
La historia está escrita. La emoción, intacta. Y si el Salón de la Fama decide abrir sus puertas a la Torre de Tandil, será porque el tenis sabe reconocer no solo los títulos, sino los gestos, las batallas, las lágrimas. Porque Del Potro no solo jugó: nos hizo sentir.